miércoles, 10 de octubre de 2012

ASDF


Ese puño silencioso que te golpea desde dentro, puedes esquivarlo, pero es cuestión de tiempo que te deje KO.
Puedes temerlo, pero tarde o temprano tendrás que enfrentarte al gran golpe final.
Puedes esconderte, pero es más astuto de lo que parece, sabrá encontrarte, cuando menos lo esperes, cuando más lo necesites, cuando más evidente sea. No importa, siempre te encontrará, o puedes ir a buscarlo, si tan harto estás de esta batalla sin sentido.
Pero estás aquí, y luchas en esta guerra. A veces dudas de por qué hacerlo, si merece la pena seguir peleando, pero aún así nunca tiras la toalla. Puede que porque sabes que tarde o temprano llegará el fin de esta contienda, o tal vez por buscar un sentido coherente a esta batalla con un fin que no sabes donde caerá.

¿Y por qué seguir? Se me ocurren bastantes razones.
Por orgullo, puro orgullo. El orgullo que todo luchador siempre muestra, ese orgullo que te hace tirar del carro cuando crees que todo está perdido. Ese orgullo que te hace sacarlos dientes en cada prueba de este juego. Orgullo, real orgullo.
Otros, más románticos, no solo luchan por ellos, si no por conseguir llegar a amar a alguien. Ya sabéis, que sea correspondido. Querer hasta que duela, hasta que desangre. Que se rompan mil corazones y otros mil tengan la cura. Pero esto es sólo para los más románticos.
Sin embargo está la visión contraria de los anteriores. Estos se mueven por odio puro. Odio profundo hacia todo y todos. Un odio que enferma. Su única misión es intentar que el resto fracasen en la guerra. Son ese molesto grano en el culo que todo el mundo desea eliminar, y sin embargo, son los más puros de todos. Se abandonan a su lado animal, abandonan el análisis, y la razón. Destrozar es su máxima y casi siempre lo persiguen. Tal vez sean los guerrilleros más peligrosos, pero a los que menos hay que temer. Pues se esconden tras el odio porque jamás les funcionó eso de amar.
Por otro lado tenemos a los que son simples peleles. Unos pusilánimes. Manejables, maleables, influenciables. Depende de las manos en las que acaben podrían llegar a ser algo grande en esta gran batalla, pero para ello tendrían en encontrarse con alguien capaz de abrirle los ojos.
No puedo perder el tiempo en describir cuantos miles de millones de personas formamos parte de esta guerra contra la fecha de caducidad, porque me temo que yo también perdería parte de la batalla.
Sólo se que en tus manos está perder la batalla con dignidad y ser recordado como un gran combatiente, o dejarte llevar por la idea de la muerte antes de que esta llegue a por ti.
Porque eso es la vida, la forma que elegimos de luchar contra la muerte.



jueves, 19 de julio de 2012

._.

No te preocupes, estamos los dos solos. Aquí nadie nos escuchará. Solos tú y yo, la oscuridad y la luz, cuatro paredes, el espejo, una puerta, un armario.
Abro el armario y veo ese sombrero que a ti siempre te gustó, decido ponérmelo. Me dices repetidas veces lo bien que me sienta. Me dices repetidas veces que ojalá ese sombrero formara parte de mi. Y entonces me planteo ese "¿No será el sombrero?" que siempre tanto te molestó.
Mejor sentarse. Uno frente al otro. Desnudos. Con la única misión de conocernos.
Y sentados, no le quito la vista de encima. Recorro con los ojos cada rincón de su cuerpo, sin ningún tipo de deseo. Sin ningún tipo de sensación fuera de lo común. Era como ver desnudo a un desconocido. Lo cual me perturbaba...¿Desconocido? Tal vez fuera la persona más familiar que conocía, a la que más tiempo he dedicado, a la que más favores he hecho, y sin ninguna duda, a la persona que más he querido en mi vida. Pero por más que miro y observo apenas reconozco esa persona.
Su pelo sigue siendo rubio oscuro y corto, ese lunar de debajo del labio al lado derecho sigue igual, ese tic en el ojo, los dedos regordetes, el pelo en el pecho, el callo en el dedo gordo del pie. Todo sigue igual, pero, ¿quién es esa persona realmente?
Lleva años pegada a mi, constantemente la veo, está tras de mi, la veo en los reflejos, pero me giro y estoy solo, pero a veces desearía que estuviera.
A veces hablo con él, otras simplemente nos miramos, otras nos intentamos coger del brazo, pero siempre se me escurre.
Yo solo le miro a los ojos, buscando una explicación. Le pregunto quién es y solo me devuelve la pregunta. 
Le pregunto la edad y sigue sin haber respuesta.
Las frustración comienza, y todo apunta a que hoy no será diferente.
La conversación acabará como siempre, uno de los dos llorará, uno de los dos acabará herido, uno de los dos, saldrá de la habitación.
La vela que ilumina la habitación se apaga. Y ahí estoy yo, solo frente a la nada. Lanzo un puñetazo al aire.
Gritos, sangre, lágrimas.
Se abre la puerta y mientras salgo pienso que nunca conseguiré llevarme bien conmigo mismo, que hace años que no me reconozco.
A mi espalda, un armario roto, y un espejo partido en mil pedazos.

miércoles, 27 de junio de 2012

Amigo.

Me gritas, dices que solo pienso en, por y para mi, que soy egoísta, que soy egocéntrica, que soy el centro de mi vida e intento serlo de la tuya.
Me dices que nunca he hecho nada por ti, que siempre te he dejado solo cuando más lo has necesitado, que nunca he sido capaz de preguntarte un qué tal a tiempo.
Me echas en cara que nunca supe cuando abrazarte, que nunca he sabido cuando necesitabas ese beso en la frente de "todo irá bien", que nunca fui capaz de cuidarte.
¿Sinceramente? No tengo respuesta a tanto reproche.
Sé que soy egocéntrica, egoísta, ególatra... pero, ¿Sabes? daría lo que fuera por verte sonreír como hace años. Daría lo que fuera porque volvieras a tener al menos un motivo para ello. Daría lo que fuera por poder hacer tu existencia menos difícil. Por poderte decir todo lo que necesitas. Por poder abrazarte sin miedo a que vulvas a desaparecer. Por poder darte un beso sin miedo a que te desvanezcas. Por poder creer de verdad que todo irá bien para que tú lo creas conmigo.
Me gustaría poder ser capaz de decirte todo lo que siento, lo que tú y yo somos, el equipo que formamos cuando estamos juntos. Somos inmunes a la crueldad cuando estamos juntos. Somos inmunes a cualquier enfermedad cuando tú me das la mano. Somos inmunes a la soledad cuando me das un abrazo. Somos inmunes al miedo cuando me dices "te quiero".
Pero tú pides más de lo que puedo darte. Soy demasiado distante, no quiero encariñarme, no quiero perder algo que no sé si llegaré a tener. No quiero perderte. Pero tu no lo comprendes, crees que no eres nada  para mi, que solo eres un entretenimiento. Nada más lejos de lo real. 
Quizás pienses que soy mala amiga, que no sé ser la compañera de viaje que necesitas, que conmigo siempre te sentirás solo. Pero cree en mi, desde las sombras hago cosas que ni te creerías.
Soy la que te tapa cada noche cuando tienes frío. 
Soy la que te da ese beso de buenas noches que intuyes, pero nunca sientes.
Soy ese pañuelo que te seca las lágrimas, así que nunca me tires, si me dejas de querer, te pido que me recicles.
Soy esa colchoneta que amortigua tus caídas, y aquel fuerte brazo que te ayuda a levantar. Esa mano que te empuja cuando aprendes a montar en bicicleta.
Soy ese puño invisible que pelea tus problemas.
Soy esa palabra que te hace sonreír, ese motivo que no dejas de buscar.
Aprende a valorar lo que crees que no hago, porque es por lo que muero cada día.
Quiero que seas feliz, ¿a costa de mi felicidad? ¿Eso qué importa? Yo soy feliz con verte sonreír.
Y sobre todo te pido una cosa. No vuelvas a marcharte, y antes que nada, aprende a llamarme amiga.

domingo, 27 de mayo de 2012

Puta.

A veces creemos ser felices, pero no es más que una simple y trabajada estratagema de la felicidad misma, un maléfico plan para hacernos creer que existe para todos nosotros, para que creamos una y otra vez que ha venido a nosotros para quedarse, aun que la realidad sea muy distinta, y deja verse para irse, y no volver. Nunca.


Otras veces creo que Felicidad no es feliz, que es una vieja arpía solitaria que no hace más que buscarse a si misma y no sabe por donde empezar. Me pregunto por dónde se buscará, y qué buscará exactamente de ella. Tal vez una expresión superlativa de si misma. ¿Se buscará en la mirada de la gente? ¿En el amor carnal? ¿En aquel niño que inocentemente juega entre la arena? Ella quiere estar presente en todos los momentos, quiere que la necesitemos, pero ella siempre está sola, no sabe acompañar a la gente aun que haya nacido para eso..


Felicidad vive en la más profunda tristeza, en la compañía de Soledad y Melancolía, sus dos únicas amigas, que nunca la abandonan. Felicidad echa de menos tiempos antiguos y tiempos mejores, donde ella era realmente importante para nosotros. Porque ella está segura de que no la necesitamos, de que ya no es importante, de que ha sido suplantada por Poder, Codicia, Avaricia... Pero seamos sinceros, en esta vida, aparte de Amor, necesitamos la certeza de que Felicidad algún día llegará a nosotros.


Pero ella no puede hacerse cargo de nosotros, porque teme de su propia existencia, porque teme desaparecer del todo para nosotros, porque teme que ya no la necesitemos nunca más.. Siempre tuve mucho rencor a Felicidad porque pensé que visitaba a todos menos a mi, que habría alguna especie de cruzada interna hacia mi. Pero ahora que la conozco mejor... ¿Cómo voy a odiar a alguien algo que ni él mismo sabe si su existencia es real? 


Ella es incongruencia en si misma. Felicidad no se encuentra, Felicidad está triste. Felicidad muere con anhelo de encontrarse.

martes, 17 de abril de 2012

Cosas de la vida, hijo mío.

Es extraño, veo la vida pasar desde este cuerpo extraño, se parece a mi, tiene mis rasgos, tiene mis cicatrices, tiene mis lunares, pero esto no soy yo.
Comparto cerebro con otra persona, no sé su nombre, no sé nada sobre esa persona, pero los dos vivimos aquí, en esta tal Irene. 
A veces peleamos, otras nos queremos, pero aun que esta no sea yo, no puedo vivir sin ese otro inquilino. Él me ignora y yo le busco, pero él no sabe nada sobre mi. No sabe mi nombre, ni de donde vengo, no sabe nada, solo que compartimos hogar. Yo sólo sé que existe, porque lo he visto. Muchas veces, cuando discutimos, yo lloro, y este cuerpo llora conmigo, pero él viene y me abraza, porque se siente mal, se siente culpable, porque hace llorar a este cuerpo, no a mi, porque yo no le importo. Pero aún así vivimos juntos, y somos felices.
A veces jugamos, unas veces al veo-veo, pero es difícil porque cada uno ve desde distinta perspectiva. Yo tengo toda la izquierda para mi, él la derecha y coincidimos en el centro, peor yo nunca sé como se ve la derecha, y él nunca sabe como se ve desde la izquierda, queremos fusionar nuestras perspectivas, pero es imposible. Otras veces jugamos al parchís, pero él siempre hace trampas. Otras veces jugamos al escondite, yo nunca quiero encontrarle, porque si le encuentro, tengo miedo a que se vuelva a esconder, y juego con los ojos cerrados. Él me llama tonta, yo le digo que es mi juego y son mis normas. Y volvemos a discutir.
Realmente discutimos por todo, menos por las labores de la casa, no necesitamos ir a comprar, ni fregar, ni barrer. No tenemos necesidades físicas, y a veces tengo la impresión de que él no tiene necesidades de ningún tipo. Pero aún así discutimos. Me gusta discutir, me desahoga, y luego nos reconciliamos. Él me abraza y me dice que me relaje, que sola estaría mejor. Yo no le doy explicación, sólo le digo que no. 
Puede parecer que la convivencia con el otro inquilino es un infierno, que nos odiamos, que no podemos vernos. Pero nada más lejos de la realidad... Mi auténtico infierno comenzaría si tuviera que vivir encerrada en este cuerpo sin él. Podemos estar días sin hablar, pero tarde o temprano todo vuelve a la normalidad. 
Lo cierto es que no sé él, porque solo compartimos cerebro, solo somos acompañantes en el camino de este cuerpo, no somos más que la conciencia y la inteligencia que asesoran a esta loca chica, pero yo no puedo vivir sin él. El vacío sería demasiado extenso. Vosotros tenéis familia, o amigos, o incluso pareja, pero yo sólo le tengo a él. A veces es el padre que nunca he tenido, diciéndome que es bueno o malo para mi desarrollo, otras es mi mejor amigo, el que me escucha mis días de soledad, el que me apoya cuando todo va mal, el que me seca las lágrimas cuando el miedo se apodera de mi, pero es por pura conveniencia. Peor para mi es lo único que necesito, sólo le quiero a él para poder ser feliz, sólo le necesito a él para poder ser feliz
Pero él no debe enterarse, porque si se entera, el resultado puede ser fatal. Si él se fuera a otro hogar, a otro cuerpo... Si él me dejara sola. Sería el fin de este cuerpo, y el mío también.

domingo, 8 de abril de 2012

Recuerdos.


Corre
Corre
Corre
No pares
No respires
Simplemente corre
Recuerda
Sientelo de nuevo
¿Comienzas a hacerlo?
Era mágia
Nuestra mágia
Continua
Ese es el camino, ¡vamos!
Ahora dime, ¿qué sientes?

Una ola de recuerdos te invade, una extraña sensación de nostalgia hasta ahora conocida se incrusta en tu cerebro, una extraña sensación de vacio. Sabes que te falta algo, pero no entiendes que es realmente. ¿Y si te digo que ese algo soy yo? ¿Y si te digo que esos recuerdos, esa nostalgia, ese vacío... se debe a la magia? Recuerdalo, juntos eramos magia. Tú eras la magia que daba chispa a mi vida, una magia inocente, que hacia que las cosas fueran más fáciles, que solo buscaba nuestra felicidad... ¿qué dices? ¿ahora si lo recuerdas?

Déjame que te ilustre, amigo. Sólo una mirada nos lo decía todo, un solo abrazo calmaba todas las lágrimas que afloraban y caían por mis mejillas, una sola sonrisa era capaz de iluminar el día más nublado del mundo. Una sola carcajada era capaz de hacernos disfrutar del peor de los sitios. Si eso no era magia, dime qué lo es. ¿O es que acaso solo crees en la magia de sacar un conejo de una chistera? Si es así te equivocas, amigo. No es así, para nada.

Recuerda
Haz memoria
Piénsalo bien

¿Cómo no iba a ser esto magia?, comprensión más allá de los años, de la distancia. de la vida. Yo aún te sigo hablando y sé que me sigues entendiendo y sé que sigues contestandome y yo entiendo tus respuestas y continua nuestro dialogo, un diálogo sin final. ¿Y sigues sin pensar que esto es magia?

Piénsalo bien. Digo tu nombre y no puedo evitar sonreír. Columpios, patos, la arena bajo el Sol creando cristales preciosos, veo el universo a través de la arena reflejándose en el Sol, y también te veo a ti. Música, libros, mendigos, yonkis, todo lo que soy, todo lo que me rodea, también lo fuiste tú. Pero sigues creyendo que eso no es magia.

No amigo, no tienes ni idea de lo que es la magia. Hablo de sueños, hablo de algo más allá de un corazón latiendo y un cerebro que funciona. Hablo de algo más allá del oxígeno, del agua, de todo. Hablo de ti y de mi.

¿Y todavía sigues pensando que no lo es?

jueves, 8 de marzo de 2012

:)

Augusto, tenía 43 años, aun que su pelo ya estaba completo de canas. Cada arruga prematura de su piel contaba una historia. Su fruncimiento de ceño continuo delataba su hastío de vivir. Pero las patas de gallo al sonreír me dicen que todavía se siente un niño.
Augusto creció en la marginación, jamás nadie le hizo caso. Él trataba de gritar que se sentía solo, pero los gritos eran silenciados entre burlas. Cada vez que intentaba levantarse, alguien más grande que él le volvía a tirar, le machacaba, le destruía. Pero él nunca se rindió, y consiguió hacerse grande, tan grande, que ni mil personas podían derrumbarle.
Pero seguía sintiéndose solo, sólo era un niño y necesitaba un compañero de juegos. Y conoció a su único amigo, él llego a quererlo, llegó a amarlo, pero no ese amor mancillado del que las parejas hablan. Para él su amigo fue toda su vida. Pero su amigo un día se fue a otro lugar, lejos de él, y Augusto volvió a estar solo.
Augusto escuchaba día tras día a niños reír, a niños jugar, y él preguntaba, ¿por qué yo no? pero nadie respondía, y Augusto lloraba, solo, como siempre. Augusto aguantó años y años de críticas destructivas, Augusto se odió, Augusto deseaba acabar con todo, pero pensaba que no merecía la pena lo suficiente como para tan si quiera que alguien llorara por su fin. Augusto no amaba la vida.
Augusto empezó el instituto. "Vida nueva" pensó, pero todo siguió su cauce. Augusto se avergonzaba de si mismo, sentía miedo de salir a la calle. Augusto suspendía a pesar de su inteligencia. Pero Augusto descubrió algo, que en parte, hizo mejorar su vida. Augusto descubrió la risa, algo gratificante. Descubrió el placer de reír y el hacer reír. Descubrió su auténtico escudo, contra todo, contra todos, para todos.
Augusto cada día se debatía entre lágrimas y risas. Las cicatrices del presente dolían casi más que las del futuro, pero ahora Augusto sabía que era fuerte. Pasó un año más, y la situación no cambió. Eran los compañeros, pero esta vez, no todos. Augusto, con la risa, consiguió acercarse a la gente. Pero Augusto aún no terminó de encontrar su auténtico escudo. Su amigo lejano, al que tanto añoraba, le hizo un regalo, puede que el más valioso de su vida, que adjuntaba una nota "Por cada lágrima, una nota. Por cada risa, una melodía. Por cada recuerdo, una canción". Tal vez haya sido el descubrimiento que cambió su vida, pero a partir de ahí Augusto se interesó por la cultura en general. Devoraba libros, de todas las temáticas, poesía, teatro, novela, ensayo.. Él siempre quiso más.
Pero Augusto seguí solo. No tenía amigos, al menos cerca no. Cada día era un infierno, rodeado de subnormales que le hacían la vida imposible. Empezó a plasmar sus sentimientos escribiendo. Primero  una palabra, luego una frase, luego un párrafo...
Termino el instituto y, a pesar de lo que mucha gente pensó, se llevó grandes amigos, amigos que ahora, en su madurez, todavía no ha olvidado. Amigos por los que dio todo, y los cuales lo dieron todo por él. Esos amigos le salvaron del odio, le salvaron de la locura, le salvaron de él mismo.
Pero para él, para Augusto, no había salvación completa. En su interior él sabía que era un monstruo. Los fantasmas de su pasado no hacían más que distorsionar su presente y su futuro. El pesimismo se adueñaba de él los días grises... Pero él ya no pedía ayuda. Su experiencia le decía que pedir ayuda era de débiles, que debía salir él mismo adelante. Que nadie podría ayudarle. Él quería de verdad gritar que no puede más, gritar que todavía la soledad viene a visitarle por las noches, gritar que echa de menos enormemente a su amigo, gritar que él solo quiere ser un niño más, aun que tenga la edad que tiene.
Augusto sólo quiere un abrazo.
Augusto sólo quiere un te quiero de verdad.
Augusto sólo quiere calmarse.
Augusto sólo quiere aprender a vivir.
Augusto tiene 43 años, aun que su pelo ya estaba completo de canas. Y él solo sueña con algún día conseguir ser un niño.

domingo, 26 de febrero de 2012

No se me da bien poner títulos.

Llega el momento en el que estamos sentados, viendo pasar el tiempo entre nuestros dedos. Tal vez sea hora de pasar a otra postura. Ahora estamos en horizontal, el césped bajo nuestros cuerpos, sintiendo la humedad del rocío y con la única visión de nuestro pasado. 
Tú cierras los ojos y yo me pongo a recordar. Tú ya duermes.
Y por el cielo pasó un gorrión rojo, que cada vez se acercaba más a mi, y yo me agarré a tu pecho por temor a que me tragara. Que ese gorrión se transformó en un tigre, que me decía "elige" pero no me daba opciones.
Me desconcertó de verdad, pero mientras yo sigo acariciando tu pecho mientras rozo con las yemas de los dedos el recién cortado césped. ¿Qué más pedir en ese momento?
Yo quería que ese momento fuera para siempre, y quería que tú fueras para siempre, no como ese gorrión que abandona su nido. Tú nunca debías abandonarme. Nunca.
Empiezo a sudar, las gotas caen sobre mis ojos y me nublan la vista. Pero en mi mente solo existes tú.
Abandono la horizontalidad para sentarme encima tuya, y mientras duermes, te robo un beso. Pero no es suficiente, por muchos besos, por mucho que hagamos, nunca sería eterno. No habría un beso que durara diez años, ni un polvo que fuera infinito, ni una caricia que me rodeara hasta la muerte. No.
Sin previo aviso, rompo a llorar. Eso te hace abrir los ojos, pero ya es demasiado tarde.
Llega ese momento en que la cordura te abandona. 

Me abalanzo sobre ti, empiezo a morderte con fuerza, quiero que sufras, quiero que grites que me quieres, pero quiero que te duela como a mi. Cada vez aprieto más mis dientes contra tu cuello. ¡GRITA, DILO! ¡DI QUE SOY LO ÚNICO PARA TI! 
Empiezo a notar el tibio sabor de tu sangre en mi boca, pero no es suficiente, sólo preguntas que qué cojones estoy haciendo, no es eso lo que quiero. Sabes que me amas, dímelo. ¿O es que acaso hay otras? Ese simple pensamiento me ciega, me nubla.
Mis dientes se llevan consigo un trozo de ti, y sabes mejor de lo que imaginaba. 
Mi puño se abalanza hacia tu cara en repetidas ocasiones, empiezo a notar la sangre en mis nudillos, pero no importa, solo tengo que lamer mi mano. Tus gritos de ayuda suenan en mi cabeza y lloro más fuerte, pero rompo en carcajadas. Tengo que acabar contigo, porque te quiero demasiado, y eres demasiado grande para mi. Me quedas enorme. 
Eres como ese vestido que siempre quise tener, pero es muy caro, y cuando lo tienes, no te lo pones por miedo a romperlo. Sólo que tú me rompes, en millones de pedazos, me destrozas, me despedazas, porque te quiero. Y tú debes sentir lo mismo que yo, porque sufrir solo yo es demasiado egoísta. 
Empiezo a arañarte, la piel se acumula en mis uñas.  Cojo una piedra y empiezo a golpearte. No hay piedad, sólo quiero que me entiendas. Que lo sientas.
Apenas puedes respirar. Con las fuerzas que me quedan te cojo del cuello. Aprieto. Intentas zafarte, pero no puedes. Hoy yo soy la grande, gigante, y tu eres el ser indefenso que siempre soy yo. 
Tu respiración se para, pero todavía seguías caliente. Me levanto, te pataleo, te rompo, te mato... Tu sangre está impregnada en mi ropa, tu piel entre mis uñas y tu pelo entre mis dedos.
Entonces vuelvo en mi, ¿qué he hecho? Acabo de matar mi vida, mi futuro, mi presente y mi pasado. Me he suicidado. Pero esto tenía que ser para siempre, y para siempre no tiene final.
Miro a mi alrededor. Y lo veo.
Antes de morir miro abajo, mi cuello chorrea sangre, tiemblo, doy un ligero suspiro. 
He muerto. Y tú conmigo.
Dime ahora, cariño, si esto no es el amor del que todo el mundo habla.